Cómo pintar puertas

Aunque no siempre se tome conciencia de ello, las puertas sufren el paso del tiempo y el uso, muy especialmente si son de color claro. Así que si una vez cada varios años se les da una nueva mano de pintura para que recuperen  la apariencia inicial, no será una mala idea. Ello no exige una gran inversión ni conocimientos muy profundos, basta dominar unos cuantos truquitos sobre cómo pintar puertas, para que podamos ser nosotros mismos los que nos encarguemos de esta tarea y darle nuestro propio toque personal. No hace falta seguir los mismos patrones de color una y otra vez. ¡Aprovecha la ocasión, déjate llevar y dale ese look a  la casa que siempre habías pensado!

Cómo pintar puertas

Cómo pintar puertas

Antes de iniciar las tareas propias de pintura habrá que empezar por sacar la puerta de sus bisagras y colocarla sobre unos caballetes de manera que sea más fácil acceder a sus bordes y se pueda trabajar más cómodamente.

A continuación se pasa un trapo húmedo para retirar el polvo y seguidamente se usa una solución de agua jabonosa para eliminar los restos de suciedad y grasa. Durante este proceso iremos descubriendo pequeños desperfectos que habrá que reparar con masilla para madera una vez la puerta esté seca. Hecho esto, con ayuda de una lija de grano fino frotaremos toda la puerta hasta crear una superficie porosa que permita que la pintura se impregne mejor.

Hay quien se obceca en retirar toda la pintura anterior, pero esto no es del todo necesario. Simplemente rompiendo la película protectora creada por la pintura es suficiente. Aunque también es cierto que cuanta menos pintura dejemos, mejor será el resultado final.

En cualquier caso, terminado el lijado, habrá que volver a pasar un trapo humedecido en agua para retirar el polvo y dejaremos secar antes de seguir con nuestra labor.

Desatornillar bisagras y picaportes tampoco resulta imprescindible. A este respecto basta con tener cuidado con la lija y tapar posteriormente con cinta de carrocero antes de pintar para no dejar manchas. Cuando terminemos de proteger estas partes de la puerta estaremos listos para pasar a la segunda fase.

La mayoría de puertas de interior suelen ser de madera por lo que podremos elegir entre una amplia variedad de tipos de pintura. Algún acrílico semibrillante resultará más fácil de limpiar y aguantará mejor el paso del tiempo. Por otra parte, con el color no hay que tener miedo a probar diferentes tonos antes de elegir el correcto. Aplica un poco de pintura sobre la puerta, deja secar y observa cómo queda el resultado final. Repite las veces que haga falta hasta encontrar el tono perfecto. Eso sí, ten en cuenta que si vas a usar un color más claro que el original, tendrás que dar primero una mano de base selladora para conseguir un mejor acabado.

Sobre la labor de pintura en sí, cabe apuntar que no hay una técnica única. Hay quien gusta hacerlo de arriba hacia abajo y quien lo hace de fuera a adentro. Pero lo que sí es imprescindible es seguir la veta de la madera.  Además, recuerda que los bordes de arriba y de abajo no hay porqué pintarlos, ya que no se verán.

Finalmente, lo más habitual es que sean necesarias al menos dos manos de pintura para completar el trabajo, por lo que resulta fundamental respetar los tiempos de secado entre manos que indique el fabricante.

Cómo pintar una puerta de madera

Para comenzar, has de desmontar la puerta y colocarla para proceder a la eliminación de la pintura anterior. Este proceso de decapado puede hacerse con productos químicos que pueden conseguirse en una ferretería, aunque en aquellos casos en los que la pintura no está excesivamente vieja, puede pintarse directamente utilizando un producto similar.

Esto es importante porque a veces se comete el error de repintar una puerta con una clase de pintura distinta y ésta termina por hincharse debido a las reacciones químicas de sus componentes.

En caso de no saber con certeza con qué clase de pintura se realizó el pintado previo de la puerta, lo mejor es decapar, aunque si has decidido saltarte este paso y repintar sin retirar la pintura anterior, es conveniente que primero apliques una pequeña cantidad de pintura sobre una zona poco visible para comprobar si se genera alguna reacción.

Si tiene desperfectos hay que repararlos con masilla y resanador de madera, asegurándonos de que éste es del tipo que absorbe tintes.

Llega el momento de elegir con qué pintura vamos a trabajar, si una pintura al agua o al aceite. La elección de la pintura es importante porque cada una de ellas tiene un comportamiento diferente ante los cambios de temperatura, por ello hay que valorar el lugar donde está situada la puerta (exterior o interior) y si va a estar expuesta o no al sol y las inclemencias atmosféricas.

Si elegimos una pintura al aceite, el siguiente paso tras decapar y resanar será aplicar un lijado sobre toda ella, pero si vamos a trabajar con pintura al agua se hará necesario humedecer previamente la madera antes de lijar para que el grano se levante.

Con nuestra puerta ya convenientemente preparada, se puede comenzar a pintar.

Para ello, tomaremos el bote de pintura y lo agitaremos convenientemente para que adquiera la fluidez necesaria, vertiéndolo después en un recipiente de boca ancha. Tomaremos la brocha o esponja con la que vamos a aplicarla y la introduciremos en la pintura, de manera que quede abundantemente impregnada y la aplicaremos sobre la puerta siguiendo la veta de la madera.

Tras la primera pasada, se deja secar y se repite la operación. Hace unos minutos no sabías cómo pintar una puerta de madera, y casi sin darte cuenta, ya la tienes pintada.

De cualquier forma, para que el resultado sea mejor, conviene, una vez pintada la puerta, aplicar barniz o algún tipo de cera. Con el barniz, el tono se oscurecerá un tanto, pero no es algo que deba preocuparte. ¡El resultado final será fantástico!

Saber cómo pintar puertas no es, por tanto, una tarea de difícil realización, y a poco que se sigan estas indicaciones el éxito está prácticamente garantizado.

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